lunes, 9 de mayo de 2016

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El prestigioso director polaco Krzysztof Kieslowski es considerado por muchos como uno de los mejores autores de la historia del séptimo arte. Desarrolló gran parte de su filmografía en su Polonia natal, comenzando por una etapa plenamente centrada en el documental para posteriormente introducirse en la ficción, desarrollando siempre sus temas más recurrentes, principalmente los dilemas morales y cómo estos afectan a las personas. Tras realizar a finales de la década de los 80 su obra de mayor envergadura, El decálogo, formada por una serie de diez capítulos para la televisión y dos películas para el cine en la que reflexionaba acerca de los diez mandamientos desde un punto de vista contemporáneo, se trasladó a Francia para realizar allí sus últimas películas, entre las que se cuentan las que conforman su trilogía dedicada a la bandera francesa: Tres colores.

Tomando como base el lema de la República francesa, Libertad, Igualdad y Fraternidad, Kieslowski dedica a cada uno de estos términos una cinta a la que asocia con un color de la bandera, construyendo una reflexión sobre la propia condición humana. En Azul Julie debe superar la pérdida de su marido y su hijo en un terrible accidente de tráfico al que ella logró sobrevivir. En Blanco Karol, un inmigrante polaco, regresa a su país natal después de que su esposa, Dominique, le exija el divorcio alegando la impotencia pasajera de su marido y la falta de consumación de su matrimonio. En Rojo, por puro azar, Valentine conoce a un juez jubilado que espía las conversaciones telefónicas de sus vecinos, lo que provoca en la chica repulsión pero a la vez cierta inconfesable atracción.


Una vez en Francia y a partir de su película La doble vida de Verónica, se puede apreciar un importante cambio en el cine del director polaco, y es que su visión más oscura y algo pesimista parece cambiar para centrarse principalmente en los sentimientos que experimentan sus personajes. Efectivamente, Kieslowski se consideraba un cineasta humanista, y esto se deja ver en su trilogía Tres colores, su última obra como director. En Azul, Julie se enfrenta al duelo de manera interna, no suele exteriorizar sus sentimientos y por lo tanto aparenta estar superando su dura situación de una forma fría e indolente, cuando en realidad está pasando por todas las fases del duelo. De forma simbólica o metafórica se muestra aquello sobre lo que se está debatiendo la protagonista, de esta forma el color azul representa el recuerdo de su familia fallecida, y cómo este se encuentra omnipresente, de ahí que cuando se deshace de todos sus bienes conserve el elemento decorativo que parecen lágrimas azules. Los insertos musicales representan los dolorosos recuerdos que acuden a la memoria de Julie, de los que trata de huir aun teniendo la imperiosa necesidad de enfrentarse a ellos; de la misma forma, la culpabilidad que le corroe al matar con un gato a una familia de ratas que anidan en su casa hace referencia directamente a su maternidad perdida. Finalmente logra superar su situación al enfrentarse directamente al problema: ayuda a la amante embarazada de su marido y a que se terminen las partituras que estaba componiendo este.

Si bien Azul es el mejor de los tres títulos que conforman la trilogía, los otros dos no desmerecen en absoluto al conjunto y están a su altura. En Blanco se construye lo que parece una crítica al capitalismo, en la que Karol, que comienza siendo un indigente en Francia, en Polonia se convierte en un importante hombre de negocios, lo que le da la seguridad para urdir una compleja venganza contra su exmujer, que termina por enamorarse de él atraída por el dinero y seducida por la superación de su impotencia sexual. Según Kieslowski, tanto la libertad como la igualdad son términos utópicos imposibles de llevar a cabo en el mundo real, y estos son los temas centrales de Azul y Blanco respectivamente; por el contrario, lo único en lo que cree realmente es en la fraternidad, y en ello se centra Rojo. Valentine es una buena persona, sin lugar a dudas, aun cuando increpa duramente al juez por sus actividades, y esto la diferencia de los protagonistas de las otras dos obras. Hay una única escena que se repite en los tres títulos de la trilogía, en la que un deteriorado anciano intenta tirar una botella a un contenedor de vidrios, una tarea que se le antoja imposible a pesar del empeño que pone en ella. Mientras que Julie no se percata de la situación, y Karol voluntariamente decide no hacer nada, Valentine ayuda al anciano, demostrando que esa fraternidad que lleva como temática principal existe, al igual que la bondad humana. De esta forma Kieslowski cierra su filmografía con un mensaje muy positivo y esperanzador.


Cameo edita en DVD y Bluray la recopilación de esta excelente trilogía, con una magnífica calidad de imagen y sonido y gran cantidad de extras, entre los que se encuentran documentales sobre su realización y entrevistas a los actores, además de un extenso libreto en el que se analiza Tres colores a la vez que hace un repaso por toda la trayectoria profesional de su director.

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