lunes, 15 de febrero de 2016

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El cine de Jafar Panahi está íntegramente condicionado por la sociedad en la que le ha tocado vivir. El director no abandona sus intenciones artísticas, sin embargo, la denuncia social que sirve de columna vertebradora a todo su trabajo tiene tanta presencia que se coloca en primer término, eclipsando a todo lo demás. Denuncia social, por otro lado, completamente necesaria, ya que en Irán, país de nacimiento y en el que ha permanecido toda su vida, la represión de un régimen totalitario coarta la libertad de expresión de todo aquel que coloque en tela de juicio al gobierno. Panahi es un luchador por la libertad, arremete contra el machismo y la pobreza, contra la educación y el maltrato que sufre la cultura en Irán y, por supuesto, estas constantes vuelven a hacerse latentes en su último trabajo: Taxi Teherán.

En esta cinta, el propio Panahi se convertirá en taxista para poder estar en contacto directo con los habitantes de Teherán, mostrando de esta forma las historias de todos los clientes que tendrá a lo largo de un día. Cada uno de estos pondrá en evidencia algunos de los muchos problemas existentes en la sociedad iraní, y aunque en la superficie el film parece realmente amable, la crítica es contundente. A pesar de lo que muchos parecen haber entendido no se trata de un documental, sino de una película de ficción con tintes que la acercan al documental, un juego metacinematográfico que ya ha utilizado con anterioridad en su filmografía.

Después de sufrir casi tres meses de injusto encarcelamiento, el director iraní tuvo prohibido seguir dirigiendo cine, sin embargo no lograron frenar sus ansias de denuncia: realizó una película en su propia casa, un documental al que tituló Esto no es una película, para que no llevase a error, y en el que construía una película que jamás llegó a hacer y que el gobierno iraní consideraba tremendamente perjudicial para su país. La guerra de guerrillas que comenzó Panahi desde su casa con este documental da su siguiente paso lógico en Taxi Teherán: el director sale al exterior para volver a encerrarse, en esta ocasión en un taxi, y la ficción impregna el conjunto un poco más. Si ya estaba influenciado por su maestro, en esta cinta la presencia de Abbas Kiarostami está mucho más presente que en otras de sus obras, acercándose a títulos como Ten, la cámara mostrando diálogos en el interior de un coche que representan lo que hay en el exterior. Puede que cinematográficamente la filmografía de Panahi pueda ser algo cuestionable, pero ante todo es un cine valiente y necesario que busca una mejora social justo allí donde más necesaria resulta.


Taxi Teherán sale a la venta exclusivamente en DVD. Cameo vuelve a dar visibilidad al cine más minoritario y olvidado, como ya hizo con Esto es una película, una cinta interesante y contundente con la sociedad que critica. 

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