lunes, 10 de agosto de 2015

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El cine, al igual que cualquier otro medio artístico nacido con anterioridad o posterioridad, se ha visto influido por las demás artes surgidas anteriormente o con las cuales ha convivido, claro ejemplo de ello es la pintura, que ha dejado una profunda e innegable huella en el séptimo arte. Por citar un caso concreto, resultan ineludibles las obras de Edward Hopper, unos retratos minimalistas y melancólicos de la sociedad americana de las décadas comprendidas entre los 20 y los 60, poseedoras de un empaque cinematográfico que muchos directores llegaron a copiar o a trasladar a sus propias obras, como son el caso de lienzos tan conocidos como Nighthawks o The House by the Railroad (que se acabó convirtiendo en la casa de Norman Bates en Psicosis). Otro pintor realmente inspirador para el cine fue William Turner, con sus vaporosas y etéreas pinturas que, rompiendo con las figuras claramente definidas, logran plasmar desastres meteorológicos, como en Steam-Boat off a Harbour's Mouth in Snow Storm, o la sensación de movimiento en una imagen estática, la conocida obra de Lluvia, vapor y velocidad. En Mr. Turner, Mike Leigh realiza un retrato del conocido pintor londinense.

En Londres, durante la primera mitad del siglo XIX, el panorama pictórico estaba dominado por unos cuantos colosos, entre los que se contaba William Turner. En primera instancia respetado y valorado por sus compañeros de profesión y posteriormente repudiado por estos mismos cuando comenzó a desviarse de los cauces más tradicionales de la pintura de la época, en Mr. Turner se esboza un retrato de la persona y el artista existente tras las conocidas obras que nos ha legado este imperecedero pintor.
Mike Leigh se decanta por realizar un fragmentado retrato de William Turner en el cual trata de abarcar un panorama general de su vida y obra sin llegar en ningún momento a profundizar en exceso en ninguna de ellas, lo que puede llegar a resultar un poco insatisfactorio finalmente, al contemplar que no es exactamente ni la construcción de un personaje, ni de un artista, ni una mirada sobre la obra del mismo. La cuidada fotografía extiende una paleta de colores que evocan en algunas ocasiones las pinturas de Turner, otorgando a los atardeceres ese filtro brumoso que permite al espectador sumergirse por completo tanto en la película como en las obras del pintor que la protagoniza. Timothy Spall realiza un excelente trabajo de mímesis con el personaje original, de manera que el actor llega a fusionarse con el interpretado gracias a una magnífica dirección por parte de Mike Leigh. Pese a sus bondades, la obra, al no llegar a profundizar en ninguno de los múltiples aspectos que toca, llega a dejar un regusto algo agridulce y una sensación de falta de plenitud que hace que el conjunto se vea perjudicado.

Cameo edita la última película hasta la fecha de Mike Leigh con excelente calidad de imagen y sonido y con media hora de un Making of que resulta muy interesante para llegar a conocer más en profundidad la obra. 

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