martes, 17 de marzo de 2015

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En 2011 se estrenó vía online el primer largometraje de Carlos Vermut, director conocido únicamente por tener unos cuantos cortometrajes en su filmografía, entre los que destaca Maquetas, ganador de la séptima edición del Notodofilmfest. Mientras que los cortos que ha realizado son interesantes pero no especialmente destacables, su ópera prima, Diamond Flash, demostró que nos encontrábamos ante un emergente y excepcional nuevo talento de nuestro cine. Aunque la distribución no se realizó a través de salas, más que una proyección en Madrid, la obra atrajo la atención de múltiples críticos que avalaron su original propuesta. El boca a boca y las positivas críticas que despertó le sirvieron para levantar un proyecto mucho más serio y dentro de los circuitos comerciales cinematográficos tradicionales: Magical Girl.

Luis es un profesor en paro cuya hija de doce años tiene un cáncer terminal inoperable. Ante el avanzado estado de la enfermedad de Alicia, Luis quiere regalarle el traje de una serie anime que a ella le encanta, pero debido a la precaria situación económica en que se encuentra le resulta casi imposible. El padre terminará optando por chantajear a una desconocida para tratar de obtener la altísima suma de dinero que necesita para el capricho de Alicia. Luis pasará el testigo protagonista a Bárbara, que tratará de obtener el dinero que el primero le exige adentrándose en un mundo sórdido y peligroso. Cerrando el trío protagonista está Damián, cuyo pasado está íntimamente ligado al de Bárbara, y cuyo presente lo estará al de Luis.

Ya en Diamond Flash, Vermut construyó un particular mundo perfectamente delimitado, tan sólido y potente que no podía quedarse tan solo en su primera obra, y cuya esencia perdura en Magical Girl. Al igual que en su anterior película, ésta también se construye como un puzzle, solo que, en lugar de estar formado por pequeños fragmentos a entrelazar, este tiene tres grandes piezas y cada una desemboca en la siguiente. Además no se cierra todo a la perfección como si no existiese fisura alguna, sino que faltan piezas de las cuales se dan pequeñas pinceladas, pero que cada espectador debe rellenar según considere necesario.

Vermut ya había demostrado un gran interés por los universos oscuros, y en Magical Girl lo retoma con mayor sordidez. La habitación de la lagartija negra no es más que la parte visible de todo ese submundo terrible e indescriptible, que el director no muestra para que la imaginación del espectador pueda crear algo aún más escalofriante de lo que se podría mostrar en pantalla. Tanto a nivel de interpretación como de escritura, la cinta tiene dos de los personajes más potentes que el cine español ha dado en mucho tiempo: Bárbara y Damián. La desequilibrada y poliédrica mujer es el principal enigma de la cinta, su enfermedad mental y su manera de enfrentarse a situaciones adversas resulta desconcertantemente inquietante. Por otro lado, Sacristán está enorme interpretando a este justiciero moderno con un oscuro pasado. Muy destacable también la excelente cartelería realizada por el propio Vermut, que sabe captar en dos simples ilustraciones la complejidad de toda la cinta. En Magical Girl todas las partes funcionan a la perfección, se compenetran y apoyan para lograr un resultado final sobresaliente. Si ya parecía difícil que Vermut consiguiese alcanzar en su segunda obra la calidad de la primera, aún más inalcanzable es que haya logrado superarla. Una gran obra maestra.


Avalon edita en DVD y Bluray esta magistral película con una gran cantidad de extras que ayudan a conocer en mayor profundidad el proceso de creación de la obra. 

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