martes, 8 de julio de 2014

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Hirokazu Koreeda tiene un terreno de acción tan claramente definido en su filmografía que bien podría parecer que siempre realiza la misma película, como también le ocurre a otros directores como Woody Allen o el coreano Hong Sang-soo. Los temas que realmente le interesan, y a los que no renuncia jamás en ninguna de las películas que conforman su filmografía, son principalmente la familia y su estructura en el Japón contemporáneo, la infancia y la visión que esta tiene del mundo que le rodea o la relación entre padres e hijos. Como no podía ser de otra manera, al igual que en Nadie sabe, Still Walking o Kiseki, en su último trabajo, De tal padre, tal hijo, vuelve a incidir en lo mismo.

Ryota es un estricto padre japonés, trabajador y educado de una manera tradicional, al igual que hace él con su propio hijo de seis años. Cuando se entera de que aquel que creía su hijo biológico no lo es, sino que cambiaron a los bebes recién nacidos en el hospital, su mundo se desploma. Donde antes no veía otra cosa que razones para enorgullecerse de su descendencia ahora solo encuentra motivos para avergonzarse, demostrando que lo único que realmente le importa es la sangre, sin tener en cuenta todos los años que ha pasado con el niño, y más aún cuando descubre que los padres que han criado a su hijo de sangre son la antítesis de su familia, una pareja divertida y desinhibida con un modesto trabajo que les da para vivir humildemente. Las diferencias existentes entre estos dos estratos sociales son tan notables y el dilema tan difícil de afrontar que todo terminará por complicarse.


Con las artes a que ya nos tiene acostumbrados el director japonés, De tal padre, tal hijo es una tierna reflexión sobre la infancia y las relaciones familiares, sobre lo innato y lo adquirido y los efectos que puede causar una u otra educación en los niños. Muchos son los que han atacado a esta cinta esgrimiendo la acusación de cursilería y sensiblería, pero nada más lejos de la verdad. Koreeda construye un relato hermoso y tierno sin necesidad de forzar el drama de manera innecesaria, casi siempre con sobriedad y buen tino. Sí es de mencionar que la distancia cultural que separa al espectador occidental puede llevar en muchas ocasiones al desconcierto. La naturalidad con la que se realizan los intercambios de los niños es increíble a nuestros ojos, aunque también es necesario añadir que la evolución de este proceso de cambio no está del todo bien reflejada y que, aunque queda claro quienes son los protagonistas, se descuida en exceso la participación de la segunda pareja. No obstante, estos pequeños detalles no pueden enturbiar el resultado final de esta emotiva cinta.


Cameo, como viene haciendo desde hace varios años, edita únicamente en DVD y sin ningún extra la última obra de Koreeda, ideal para todos aquellos seguidores del director o que simplemente busquen buen cine. 

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