jueves, 3 de abril de 2014

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Federico Fellini es por todos conocido como uno de los más grandes cineastas de la historia, poseedor de un universo personal e inconfundible, y con un poder de evocación inconmensurable. Su mundo es tan particular y característico que muchos otros autores se han acercado a él de diferentes formas, mediante los homenajes, las claras referencias o incluso sumergiéndose en sus propias recreaciones de universos fellinianos que, si bien en algunas ocasiones se le han acercado, nunca se ha conseguido captar con tanta fuerza como en La gran belleza. Sorrentino no se limita tan solo a referirse al gran cineasta, sino que construye una película muy personal en la que algunos de sus pilares básicos son lo onírico, los rostros pintorescos, la alocada vida nocturna romana y la crítica a una sociedad enmarcada en su correspondiente época.

En una ciudad tan hermosa y mágica como es Roma, Jep Gambardella, un escritor que hace décadas escribió su último y único título, forma parte de una decadente burguesía que no hace más que ir de fiestas, llevando una vida vacía e irrelevante. A sus sesenta y cinco años, Gambardella está muy cómodo en la posición en la que se encuentra, pero comienza a darse cuenta de lo insulsa que resulta su vida y que aún puede llegar a alcanza esa gran belleza que ha estado buscando durante toda su vida.


Al final de La dolce vita un grupo burgueses horteras y caprichosos, tras toda una noche de juerga en un importante castillo, encuentran varado en la playa algo que parece una manta raya gigantesca y gorda, un monstruo marino muerto que todos observan con curiosidad. Mucho se ha escribo sobre esa criatura que cierra una de las muchas obras maestras de Fellini, pero la teoría más aceptada es que vaticina la desaparición absoluta del decadente estrato social italiano ya a principios de los años 60. Más de cincuenta años después, Jep Gambardella se despierta una mañana junto a Ramona  y le explica los planes para ese día: ir a ver un monstruo marino, el mismo con el que se topó Marcello Rubini, que sigue pudriéndose en la playa sin desaparecer por completo. La respuesta de Sorrentino al difunto Fellini: aún perdura esa decadente burguesía que parecía abocada a su propia autodestrucción, ese estrato social vacuo y engreído es intrínseco a la propia ciudad de Roma, la contrapartida vulgar a la gran belleza que alberga.

La gran belleza es un film gigantesco, complejo e inteligente, cínico y certero, con una inusual capacidad para sorprender. Una ciudad mágica y fascinante por la que se nos guía de la mano de unos viva-la-vida, el retrato de una época y de una sociedad vacía y materialista únicamente preocupada por las apariencias. La belleza que ansía Gambardella aflora en cada fotograma de la obra que encumbra a Sorrentino como un cineasta de primera, sustentada en un guión mordaz y dinámico poseedor de diálogos y monólogos incisivos e hipnóticos, en su totalidad protagonizados por Toni Servillo quien hace una actuación desbordante, polifacética y frenética. Hay mucho que explorar y por lo que dejarse emocionar en esta deslumbrante cinta que necesita varios visionados para llegar a captar toda su complejidad y multitud de referencias.


Cameo edita La gran belleza tanto en Bluray como en DVD, con buena calidad de imagen y sonido y con un breve pero interesante making of casi mudo en el que podemos ver más a fondo su realización y la inteligente utilización de la cámara por parte de su director.  

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