martes, 6 de noviembre de 2012

postheadericon Festival de Cine Europeo de Sevilla: À Perdre la Raison



Los actores Niels Arestrup y Tahar Rahim ya coincidieron hace unos años en la película excelente película de Jacques Audiard Un Profeta. Arestrup ya tenía una carrera a sus espaldas y estaba suficientemente consagrado, en cambio para Rahim, Un profeta fue su oportunidad de demostrar lo muchísimo que era capaz de dar de sí. En À Perdre la Raison encontramos que junto a estos dos actores se les suma otra increíble actriz Émilie Dequenne, terminando de redondear el trío protagonista.

En À Perdre la Raison los jóvenes Murielle y Mounir se casan tras estar un tiempo como novios. Se van a vivir juntos a casa del, por decirlo de alguna forma, padre adoptivo de él, André. Este les ayuda monetariamente siempre que los necesitan, les atiende médicamente y se ocupa de los niños cuando estos empiezan a llegar. Si con un niño las relaciones de pareja se ponen a prueba, cuando ya son cuatro la cosa se pone mucho más difícil, y el matrimonio empieza a desmoronarse. Murielle es incapaz de soportar la presión de tantas responsabilidades y su estabilidad mental comenzará a tambalearse.


La historia que se nos cuenta a priori bien parece un dramón anodino y sin interés, pero no es así.  À Perdre la Raison está muy bien escrita, mejor dirigida, y mejor aún interpretada. La demostración de como se puede contar bien cualquier historia sin se sabe como llevarla. Es una trama de por sí muy simple y común, pero llevada sin tonterías, sin que se vayan por las ramas con chorradas y con buenos personajes bien construidos tanto por el guión como por los actores que los interpretan.

Murielle es una chica dulce y sensible. Cuando la niña se cae por las escaleras se nos muestra claramente lo mucho que puede llegar a atormentarle las palabras de su marido, y lo débil que llega a estar después de todo el estrés que le supone el crecimiento de la familia. Mounir no es lo suficientemente maduro como para sentar la cabeza, el cambio de rutina que le supone el tener niños en casa no le termina de gustar, y responde con brusquedad y poco tacto ante todo aquello que haga tener que implicarse en casa. Él es uno de los más fuertes detonantes de la locura de su esposa. Y llegamos a André, si bien los tres personajes tienen matices, posiblemente este sea el más complejo. Es un anciano solitario incapaz de comprometerse creando su propia familia, de forma que parasita la de Mounir. En un principio es encantador por todas las atenciones que vierte en la pareja, pero posteriormente no está dispuesto a dejarlos marchar de la casa sin él, y termina por creer que tiene derecho a opinar donde no le llaman. Poco a poco vemos la cara más egoísta e insoportable de de André.

El director guía con pulso firme en todo momento y sabe como desarrollar la trama con sabiduría. Donde demuestra más claramente su maestría es en la escena final, que mediante sutilezas consigue ponernos los pelos de punta al imaginarnos la tragedia que está sucediendo. À Perdre la Raison es sensacional, un impactante y emotivo retrato de una familia que se deshace, pero nunca cayendo en la lágrima fácil y en efectismos estúpidos. Excelente. 

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