sábado, 28 de julio de 2012

postheadericon Golden Sun. Que tenía. Que tiene. Que tendrá


 Con la llegada del verano siempre procuro cumplir la sana y divertida tradición de recuperar juegos olvidados de lo más profundo de mis cajones y estanterías para rejugarlos o conseguir en ellos objetivos aún por cumplir. Y este año los afortunados han sido la saga completa de RPG del estudio Camelot, integrada por Golden Sun, Golden Sun: the Lost Age/la Edad Perdida (estos dos de Game Boy Advance) y Golden Sun: Dark Dawn/Oscuro Amancer (de DS), saga de la que me considero un adepto al 200% (nótese el chiste) y por la que siempre he tenido un cariño especial, desde el día 1 de su historia.

 Llevo ya varias semanas de juego a los títulos, en los que he vuelto a comenzar de cero. Y esta experiencia me está sirviendo para encontrarme con cosas que me resultan del todo sorprendentes. Para empezar, aunque ya conozco de sobra casi todo lo que ocurre (el rejugar también me ha dado oportunidad para ver cosas que no pude en otras partidas anteriores), el juego no me resulta para nada aburrido: revivir cada momento es tan placentero o incluso más que jugarlos por primera vez. Claro que, para mí, estos títulos tienen un significado especial, pero no deja de sorprenderme el hecho de que puedo seguir disfrutándolos, aunque sea la quinta o sexta vez que los repito (caso del primer Golden Sun).


 Otra cosa sorprendente es la fidelidad a sus principios que tiene el estudio desarrollador. Antes de escribir esto que leéis estuve subiendo de niveles a los protagonistas de la primera entrega y luego me fui a conseguir la Máscara Solar y el Zafiro Real en la tercera entrega. Si bien separa casi una década a ambos títulos (el primero es del 2002 y el segundo del 2011) la verdad es que casi en ningún momento noto que estoy jugando a un juego distinto (obviando la frontera gráfica, claro está). Las mecánicas son exactamente las mismas y divierten exactamente igual. Supongo que, en este aspecto, el que la plantilla de Camelot se haya mantenido prácticamente igual desde sus primeros días (en SEGA, con la franquicia Shining Force) tal vez sea parte de este “milagro”, aunque sea cierto también que la inamovilidad no es algo del todo bueno en esta industria.

 Todas estas cosas me hacen preguntarme que tenía Golden Sun para haberse convertido en el RPG favorito de muchos jugadores como yo y haberse asentado en la memoria de una forma más o menos firme, frente a gigantes como Final Fantasy o Dragon Quest. Pensadlo, Golden Sun era un RPG corto, facilón, con una historia más o menos típica (pero magníficamente hilada) y muy pocos personajes, nada que ver con la interminable ristra de obras del doble estudio Square-Enix, dotados de una dificultad retadora, una longitud de juego enorme e historias y personajes que han marcado la industria, que podrían haber hundido a Camelot en la miseria y, sin embargo, no fue así. ¿Cómo ocurrió esto?


 En mi opinión, queridos lectores, es porque Golden Sun tenía asumido, simplemente, que era una “ópera jugable”. Tal vez algunos recordaréis el spot del primer Golden Sun. Una sala de conciertos que, de repente, se veía inundada de monstruos a ritmo de “In the Hall of the Mountain King” de Grieg. ¿Qué sentido tenía esto con el juego? A primera vista ninguno, pero, a mi modo de ver, tal vez era precisamente eso lo que estaba planteando Camelot con su entrega.


 Golden Sun es un escenario de teatro jugable. Basta ver los combates: los ataques son más espectáculo que utilidad. Y todo esos “efectos especiales” pasan maravillosamente por delante de nuestros ojos, a ritmo de la magnífica BSO dirigida por Motoi Sakuraba, compositor oficial de la saga (y del estudio) y uno de los más respetados dentro del mundillo musical de Nintendo, al cual también se le recuerda por sus trabajillos sueltos en la serie Super Smash Brothers o la música del Tales of Symphonia, primero de la famosa saga de Namco.

 Si a esto le añadimos que Golden Sun superaba gráficamente a cualquier otro juego de portátil en su época tenemos ya el secreto del éxito. Luego, simplemente, le añadimos su “continuación lógica” (Golden Sun: la Edad Perdida) y listo, hacemos de Golden Sun “algo más que un juego”, como decía de él la Nintendo Acción en su sección de catálogo.


 Bueno, tenemos lo que fue, pero… ¿Qué es ahora? La tercera entrega de la saga, aparecida tarde y sin apenas bombo ha dejado diversidad de opiniones. Los hay que opinan que no hace justicia a los primeros títulos y los hay también que lo consideran su favorito (también los hay que han empezado esta saga por este título concreto). Yo, personalmente, no me dejó con buen gusto la primera vez que lo jugué aunque, ahora que lo estoy repitiendo, empieza a atraparme. Más que nada porque ahora he conseguido en él la facilidad con la que me muevo en los otros dos (la tercera entrega es mucho más estricta si tu objetivo es el 100%) y porque veo que, como los otros dos, es otra “ópera jugable” (con Motoi Sakuraba de fondo de nuevo). Por ello le doy mi aprobado, pero necesitará otra “continuación lógica” (¿Acaso en 3DS?) si quiere ser una obra completa, porque lo cierto es que deja con ganas de más (cosa típica del estudio, basta ver la primera entrega).

 Por ahora Camelot no ha utilizado el E3 de este año para anunciar un cuarto juego. Sólo en una entrevista a Hiroyuki Takahashi, líder del equipo, se comentó lo mismo que para la tercera entrega cuando aún estaba por salir: que lo harían si los fans quieren y que necesitarían tiempo. Esperemos que, al menos, si deciden hacerlo no se tiren 6 años otra vez para sacar otro título.


 Con suerte los secretos del Templo Sonne volverán a abrirse ante nosotros. Pero, por ahora, toca esperar. ¿Y qué mejor que hacerlo jugando? A mí estos RPG siguen divirtiéndome casi como el primer día o incluso más. Y eso, queridos lectores, no puede hacerlo cualquier juego.


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