miércoles, 4 de julio de 2012

postheadericon Crítica cinematográfica: Misterios de Lisboa




Misterios de Lisboa pasó por las carteleras españolas como una leyenda, sabíamos que había llegado a nuestro país y que se estaba proyectando pero dónde era un misterio tan turbio como los que se desvelan en la propia cinta. Hemos podido leer sobre ella en revistas como Fotogramas o en otras más críticas como Cahiers du Cinema España, y allá por donde fue recibió una calurosa acogida y críticas favorables. Por desgracia la película desapareció de las pantallas, si es que realmente estuvo alguna vez, y nos quedamos durante más de un año esperando su edición en Blu-ray o DVD, que aún a día de hoy no ha salido y de la que no se tiene ninguna noticia. Personalmente el interés que había levantado en mí este film no me permitía cejar en mi intento por conseguir verla, y finalmente he encontré una edición en Blu-ray exclusiva de la Fnac de Portugal.

Un joven de catorce años está internado en un orfanato y no sabe ni siquiera su nombre, no sabe quién es. Con la ayuda del Padre Dinis encontrará a su madre y esta le contará todos los entresijos de su oscuro pasado. Pero más que contestar a sus preguntas, estas se multiplican, de forma que terminaremos por conocer los misterios que ocultan todos los personajes que pueblan esta Lisboa del siglo XIX.


Misterios de Lisboa tiene dos formatos, uno para televisión de unas seis horas y otro para los cine de cuatro horas y media. Sin embargo el extenso metraje del film está justificado con creces debido a la complejidad de su estructura y a los entresijos que encontraremos entre las diferentes historias que tienen que contar estos personajes. Estructuralmente esta película nos recuerda a las novelas de Joseph Conrad o a Ciudadano Kane. Existe una pluralidad de voces que nos relatan las diferentes historias, de hecho hay ocasiones que un personaje cuenta lo que le ha contado otro personaje, de forma que se convierte en un juego de muñecas rusas.

El Padre Dinis es un personaje-ojo, como si se tratase de Octave en La regla del juego, él no interviene directamente en ninguna de las historias, y cuando lo hace es otra persona, ya sea Sabino Cabra o Sebastiao de Melo, siempre bajo un pseudónimo que nos aleja por completo del personaje que conocemos. Y es su interés y sus conocimientos los que impulsan la narración hacia delante. Personaje complejo también es el de Pedro, que comienza siendo el espectador, el receptor, sabe tan poco de la historia como el público, y él contempla el teatro desde fuera y lo rechaza enfurecido, como podemos ver cuando golpea los muñecos de cartón de su pequeño escenario. Pero durante la última hora de película toma el relevo del Padre Dinis y es él el que descubre, y nos lo muestra a los espectadores, el oscuro secreto entre Alberto de Magalhaes y Elisa de Montfort. Implicándose en la trama también se muestra como personaje-ojo.


La cámara se mueve con impresionante soltura y precisión por los ricos escenarios que se nos presentan. Ya sea mediante un sutil movimiento de cámara o mediante un largo travelling lateral el espectador presencia en todo momento con una perfecta fotografía este mundo de siglos pasados. Por otro lado, la cinta tiene una extraña autoconsciencia de sí misma. Misterios de Lisboa es un culebrón, y en ningún momento se oculta su origen, se muestra como tal y a partir de ahí innova hasta llegar incluso a escenas oníricas. Esa autoconsciencia se nos muestra claramente con todo lo referente al teatrillo de cartón de Pedro, que nos cuenta en muchas ocasiones parte de la historia, además de las miradas furtivas a cámara de algún que otro personaje o en momentos como en el que el Padre Dinis muestra su mano vacía tras haber extraído algo del bolso de Elisa de Montfort.

El ritmo pausado y mesurado de toda la obra consigue sumergirnos en otra temporalidad, como si de En busca del tiempo perdido se tratase, y las actuaciones están acordes con esta medida percepción del tiempo. Entre los actores podemos encontrar algunos excelentes como es el caso de Adriano Luz que interpreta al Padre Dinis, que consigue configurar un personaje inolvidable y complejo. Pero también podemos encontrar otras tan nefastas como la de José Alfonso Pimentel haciendo de Pedro da Silva adulto, que consigue que el final de esta excelente obra decaiga un poco al soportar sobre este soso actor todo su peso.

Película compleja que terminará por hacerse un hueco entre las más inolvidables de los últimos años y que será estudiada con pulcritud durante mucho tiempo. Si bien el final resulta más pesado, como ya hemos comentado por culpa del actor, esta obra tiene muchísimo que ofrecer y cautivará a los mayores amantes del cine. 

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