miércoles, 16 de mayo de 2012

postheadericon Crítica cinematográfica: Mi vecino Totoro


El director Hayao Miyazaki pegó el gran salto a la fama mundial gracias a El viaje de Chihiro, que fue galardonada con premios tan prestigiosos como el Oso de Oro en Berlín o El Oscar a Mejor Película de Animación. Pero antes de esta ya había conquistado medio mundo con la excepcional La princesa Mononoke, y varios años antes, en el 88, ya se había hecho un hueco con Mi vecino Totoro.

Satsuki y Mei son dos niñas que se mudan con su padre a una estupenda casa en el campo. Las niñas están a la espera de que su madre se mejore pronto y vuelva a casa, y mientras tanto se dejan fascinar por el increíble mundo que les rodea. De esta forma acaban conociendo a Totoro, una enorme y amistosa criatura que es dios del bosque.


Miyazaki es capaz de ver en la vida cotidiana los matices más fantásticos, esto se ve claramente, por ejemplo en Nicky la aprendiz de bruja, pero la quintaesencia de la mezcla entre cotidianidad y fantasía es sin duda esta obra. En Mi vecino Totoro se nos muestran todas las constantes que crearán el imaginario del universo Miyazaki. Totoro es ya a día de hoy casi una marca, un personaje entrañable que simboliza los estudios Ghibli, que podemos encontrar en gorros, muñecos, cartas y demás, un personaje que ya pasa a la historia. Y no es para menos, pues es tremendamente tierno a la vez que gracioso sin perder nunca su faceta más fantástica e incluso intrigante.

Al director le fascina la naturaleza, los misterios que puedan entrañar el origen del viento, el nacimiento de las plantas. Como ocurre en cierto modo en El árbol de la vida, Miyazaki siempre se coloca desde el punto de vista del niño que está receptivo ante un mundo que desconoce y por el que siente un gran interés, la explicación a fenómenos naturales se buscan desde un punto de vista fantástico e imaginativo. Y de esta forma nace la fusión entre la magia, llena de desbordante imaginación, con la rutina del día a día.


Una vez más tenemos que hacer una mención especial a la excelentísima banda sonora de Hisaishi, que consigue la que posiblemente sea su más divertida y alocada partitura, que es la vez que tierna tremendamente emotiva.

Muchos se empeñan en ensalzar a Mi vecino Totoro como la mejor película de su director, pero esto no es así. De la misma forma que Nicky, Totoro no pertenece a las lista de las mejores, pero igualmente es una hermosa película llena de fantasía y buenos sentimientos. Es tremendamente emotiva sin caer nunca en el ridículo dramatismo. Es cercana y muy humana. Al igual que todas las películas del director, parece inconcebible que alguien pueda pasar estoicamente entre el mar de sentimientos intensos que nos propone el creador. Muy interesante y emotiva, merece la pena y mucho. 

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