lunes, 27 de febrero de 2012

postheadericon Análisis de videojuegos: The Legend of Zelda Skyward Sword

 
Analizando un nuevo mito...
Hay veces que salen juegos que marcan grandes pasos en la industria del ocio electrónico. Hace ya por lo menos 15 años pasó algo así con un juego llamado “The Legend of Zelda: Ocarina of Time”. El juego en cuestión marcó para siempre a una generación de videojugadores y se convirtió en el punto de referencia para una saga que ya se había hecho un hueco en la historia de esta industria, The Legend of Zelda, que venía haciendo éxitos desde su primera entrega, allá por la NES.

 Desde Ocarina of Time, fans y desarrolladores de la saga Zelda venían aquejándose de que ningún otro juego de la saga podía hacerle sombra. No me malinterpretéis, no estamos diciendo que los juegos posteriores a Ocarina of Time fuesen inferiores en calidad sino que, simplemente, no lograban crear el mismo movimiento que siguió a este clásico de Nintendo 64.

 Y, hace unos escasos meses, Nintendo lanzó para su consola Wii otra nueva entrega de esta saga. Analistas y críticos de todo el mundo tenían miedo de decirlo, unos porque no estaban de acuerdo, otros seguramente porque temían que fuese así: ¿Había superado el nuevo juego a Ocarina of Time? El debate sigue abierto.


 El juego que ha vuelto a mover y remover a los fans de Zelda es “The Legend of Zelda: Skyward Sword”. Sé que es tarde para hacer un análisis de un juego, pero lo que quiero analizar no es un juego: es algo más. ¿Es todo lo que dicen? ¿Es el nuevo modelo para todos los juegos por haber de esta ya vetusta saga? No me gustaría responder a esa preguntas ahora porque preferiría que antes vieses el juego con la misma perspectiva que lo he visto yo, y entonces, os daré mi juicio, que seguro comprenderéis mejor si lo hago de esta forma.

 Empezando por la historia, un apartado difícil de analizar como siempre; no sólo porque no se pueda contar todo de ella a los lectores, sino también porque en Zelda es un apartado que, no es que no se cuide, sino que simplemente no necesita cuidarse. Por alguna razón, da igual lo típicas, arquetípicas y predecibles que sean las tramas de los juegos de Zelda: siempre las perdonamos. ¿Por qué será? Tal vez porque hay pocas sagas que puedan llevar tan bien sus argumentos, sin aburrir, sin hartar y sin perder la frescura en cada entrega.


 Y con este juego no se hace una excepción. Una historia típica y normalita pero bien llevada, que además mantiene fresca la saga, renovando conceptos clásicos y tocando otros nunca antes propuestos de la misma forma. Pese a ello tal vez le sobre sentimentalismo y peque de ser un poco infantil después de la épica de Ocarina o “The Legend of Zelda: Twilight Princess” o del “surrealismo” de “The Legend of Zelda: Majora’s Mask “.

 Haciendo un resumen muy rápido, en la nueva reinterpretación de la tierra del Poder Dorado nos encontramos un “mundo inferior”, salvaje y deshabitado, y un mundo superior (Celéstea), una serie de islas que fueron elevadas sobre las nubes por una “Diosa” durante una guerra contra el mal, en las que habita el siempre protagonista Link, aprendiz de una academia de caballeros que surcan en el cielo en unas aves gigantes llamadas “pelícaros”. Link acaba de graduarse y ha recibido de la sacerdotisa de la Diosa (Zelda, que es además la Zelda más carismática y adorable hasta la fecha) su título de caballero, pero entonces caerá presa de un extraño tornado que la tirará al mundo inferior. Link deberá ir en su búsqueda, iniciándose entonces una búsqueda que esconde una guerra entre el Bien y el Mal que lleva pospuesta miles de años. Como vemos es muy simple, y encima peca de ser muy sentimental a veces. Pese a ello está llevada con maestría.


 Pasando al apartado gráfico, como ya es habitual, “nuevo zelda: nuevo diseño”. Esta vez nos encontramos un mundo desenfadado y de cuento de hadas, pero sin llegar al estilo “cartoon” de “The Legend of Zelda: the Wind Waker”. Una propuesta bonita y que entra por los ojos, pero que tiene un fallo que debemos criticar: Nintendo ha forzado demasiado la máquina para la ocasión. Dientes de sierra, texturas planas y cargas de escenarios ralentizadas nos acompañarán durante la aventura si no tenemos un cable de conexión de 480p, y aún así se sigue notando que Nintendo ha hecho un trabajo que supera a Wii técnicamente, lo cual condena al juego a estar en una consola “que se le queda chica”, por así decirlo.

 Continuando con el sonoro ahora es cuando debemos quitarnos el sombrero. Tal vez la BSO de este juego no sea la más épica de la saga, pero la forma en la que está implementada, variando según las situaciones y lugares en los que nos encontramos, la hacen posiblemente la más magistral de todas; demostrando ya una madurez por parte del estudio nipón y convirtiéndose en uno de los puntos que es, a mi ver, uno de los más destacables del juego.


 Ya para terminar nos centraremos en las mecánicas. Con respecto al control es cierto que puede resultar un poco cansado y caótico para los más veteranos, pero creo que viene bien que lo tenga de cara a los iniciados, que siempre son también un filón importante. Con respecto al desarrollo podemos resumir este juego como el Zelda más plataformero y estratégico hasta la fecha.

 Plataformero porque se acabaron las grandes explanadas vacías: Skyward Sword tiene unos escenarios muy grandes, pero a la vez muy llenos de subidas, bajadas, cornisas y fosos que obligarán a saltar, correr y hacer toda clase de acrobacias. En este aspecto, este juego es el primero de la saga en incluir conceptos como el correr al apretar un botón (y no según cuanto inclinemos el joystick) y una “barra de resistencia”.


 Este segundo es la causa de que sea también el más estratégico. Se acabó eso de quedarse horas colgado de una cornisa. Y no hablemos de eso de correr en círculos indefinidamente dentro de la sala de un jefe final cuando no sabemos qué hacer: el Link de Skyward Sword se cansa, y deberemos jugar en consecuencia. Es igualmente muy estratégico porque este juego incluye más ítems que ninguno otro, además de objetos coleccionables que sirven a modo de materiales, muy a lo “Monster Hunter”.

 Pese a ello no es un juego difícil. Se mantiene en la línea de la saga, aunque es cierto que hay muchas pistas que pueden ayudar a los que se puedan quedar atascados, especialmente en el tema de la resolución de puzles. Lo que no podría decir es si es bueno o malo por su mecánica. Es cierto que sea plataformero y estratégico es un toque de frescor a la saga, pero también es cierto que a veces se echan de menos algunas cosas de los anteriores juegos.


 Vistos sus apartados ha llegado el momento del difícil veredicto. Este juego tiene, a mi ver, una cualidad innegable: consigue que la saga siga estando fresca pese a sus ya 25 añazos. En ningún momento notaremos que se estén agotando los conceptos de siempre, pero tampoco nos encontramos un “borrón y cuenta nueva”: seguimos viéndolos por todas partes. Todo ello muestra, de nuevo, de la madurez de un estudio que ha sabido llevar siempre de forma magnífica una saga que ha envejecido muy bien.

 Pero eso no basta para hacerle el mejor juego de la saga. ¿Dónde está la dureza de la historia de Ocarina? ¿El miedo sobrenatural de Majora? ¿La lacrimógena y a la vez entrañable historia de Wind Waker? ¿Y la épica de Twilight Princess? Faltan, y su falta es -en mi opinión- a la vez buena y mala. Buena porque una saga debe renovarse siempre y este juego cumple bien con ese precepto. Mala porque la falta consigue que este juego no quede, en mi opinión personal, por encima de sus hermanos, aunque siempre estará a su misma altura.

 ¿Conclusión? Es un Zelda más. Y como siempre digo: es bueno porque es Zelda. ¿Es el mejor de la saga? No lo sé y creo además que no, pero es un juego muy, muy bueno. Y fresco. Sobre todo eso. ¡Disfrutadlo!


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